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A mente alzada: accionar el arte de Yael Mancilla Gewolb     

Oct 13 • Artistas • 1533 Views • No hay comentarios en A mente alzada: accionar el arte de Yael Mancilla Gewolb     

La obra de Yael Mancilla podría entrar, si ansiáramos contextualizarla, al campo de la estética sin reglas, donde intencionalmente no opera ni se afinca un ejercicio conceptual. La obra de la artista es la representación de su propia forma de ver el quehacer artístico: desde una base fuertemente emocional, formal, verdadera. Desde ahí es donde podemos comenzar a entender el fundamento de su trabajo.

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El bastidor aparece como un llamado, un objeto que al accionarse espera la reacción de ciertas cosas. En este sentido, el acto de crear, para la artista, es un acto de conjurar, a manera de ejercicio ritual en cuya travesía se espera la llegada de algo, la creación de una realidad deseada. Esta forma de pensar la pintura desde un origen espiritual –nos cuenta la artista chilena– la aprehendió durante su estancia de siete años en Oaxaca, y es que, “ser inmigrante es eso, irse a crear una realidad nueva…”. La esencia de los lugares han moldeado su acercamiento a la pintura y su propia relación con su proceso de creación. Ella encuentra en el muralismo mexicano y en artistas como José Luis Cuevas, Rufino Tamayo o Diego Rivera, un elemento emocional y espontáneo que influye de manera importante en su trabajo, alimentado además del hecho de haber sido ilustradora de libros infantiles, evidente y trazable en toda su obra.

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Parece haber una presencia de personajes principales que marcan un punto de partida visual, posibles caminos narrativos que erigen aquellos pequeños y complejos mundos que componen las piezas, sin embargo, estamos frente a la obra de una pintora que busca representar la sensación de unidad de una inexistente jerarquía, de un equilibro visual que se compone de un proceso de creación que no tiene la intención de llamarse consciente, o justificado, sino azaroso, espontáneo, fluido y afable. Por lo mismo, ahí donde no hay una pauta marcada, el uso del boceto simplemente no figura en dicho proceso, al contrario, infringiría en su naturaleza, lo inhibiría. El trazo comienza así, a veces con color, a veces con grafito, con la cualidad de construir, a su paso, caminos narrativos bifurcados pero exitosamente distribuidos.

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Es el uso del color y los mismos personajes antropomorfos y zoomorfos lo que revela la diegesis interior que la artista realiza sobre el azar. Para Yael, una base recurrente en sus pinturas es la palabra; cuentos y poemas que escribe suelen ser la primera referencia en sus cuadros, obras en las que de pronto gusta de incorporar fragmentos escritos, aunque en realidad, lo que el resultado final nos ofrece es una sugestiva y campante descripción visual de un relato no anticipado pero que ocurre. Esta lectura abierta, libre y provocadora, es la que la artista consigue accionar en el espectador. Detrás de esta cualidad ambivalente de creación, se halla la esencia, la autonomía de su obra, lo que ella llama como fuerza vital: la verdad inherente en la pintura.

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La genuina carga sensorial con la que Yael pinta, se traduce, justamente, en una honestidad materializada de utilidad contemplativa, intrigante, creadora de mundos fantásticos, divertidos, cálidos y de pronto también apabullados. Interesa más a la artista transmitir esta necesidad como sostén de su obra que realizar justificaciones conceptuales que podrían mermar su brío. Esta base se acerca al arte figurativo formalista de Wölfflin o Fiedler donde el significado de la obra es decodificado desde su forma y no desde su contenido. Yael se identifica por ejemplo con el poeta Leonard Cohen, quien define su trabajo como un acto involuntario, una poesía que no se sabe de dónde o porqué surge. Si hubiera manera de saberlo, podría encontrar la forma de regresar al lugar mismo donde ésta ocurre, o donde ocurre la pintura en el caso de Yael. Pero debe mantenerse así, como una pintura que siga esa necesidad vital de encontrar en el arte un espacio fidedigno e íntimo de expresión, que continúe surgiendo a mano, a mente, a emoción, a palabra y color alzados.

María Tercero Tovar

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