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Las inmediaciones de un recuerdo.

Abr 23 • Crítica, PLEXUS • 424 Views • No hay comentarios en Las inmediaciones de un recuerdo.

Hacía ya mucho tiempo que escuchaba hablar de como en este mundo se empieza a globalizar todo lo que nos rodea, como evoluciona la tecnología, la sociedad y el desarrollo humano en general, más allá de una idealización de los avances en todos los ramos, existen algunos que prevalecen por años por la terquedad de unos cuantos o por la memoria de unos pocos, para conocer un poco de la enorme cola que tenemos que nos pisen como cultura y comunidad.

Hemos sido espectadores de cómo una sociedad se alimenta de muchas otras, a partir de la conquista de los españoles, tenemos clavados en la frente una etiqueta de una sociedad mezclada, que para bien o para mal nos ha formado y preparado para una globalización inminente, a partir del descubrimiento del arte como tal pasando por el barroco hasta el arte abstracto, en un sinfín de ramificaciones que es ya difícil clasificar; el arte ha dado siempre hincapié en la expresión del artista, del espectador y de su impacto en todos los terceros que puedan entrar y se permitan a si mismo comprender de que se trata. Para una sociedad que tiene tantas inclemencias es complicado poder conocer cual ha sido la raíz o la importancia de su expresión.

En situaciones como ésta, la mayor parte de la población resulta ser insensible a el trasfondo que pueda llegar a tener una pieza artística o una expresión cultural, a pesar de ser gran parte de nuestra estructura como seres humanos, la insensibilidad es un llamado que toca a nuestra puerta cada día,

Dada la complejidad del contexto, es imperativo comprender que como sociedad en muchos de los casos hemos recaído en el desinterés por la misma y su expresión artística, llegando a desvalorizar la humanidad en todo su esplendor. La inspiración puede venir de muchos lados y muchos momentos, al recrearla en una vida común, se va desgastando por la cotidianidad colectiva, esto da como resultado pasar en alto aquello que pueda ser diferente.

Cine opera

A finales de los años 40 en la ciudad de México se alzó la construcción de una de las joyas arquitectónicas más importantes en su clase, con un estilo Art Decó funcionó por más de 50 años, como resultado cientos de cintas cinematográficas y obras de teatro, pero sin menospreciar la importancia de su impacto social, su monumental construcción al norte de la ciudad por su tamaño y tamaño.

Al pasar frente a el se puede notar la disonancia de su existencia, rodeado por comercios, bares y edificios de oficinas nos da sólo una prueba de que lo más importante puede prevalecer, pero esto no quiere decir que sea totalmente aprovechado, una construcción que data de más de 70 años la cual se encuentra relativamente cerca de todos quienes buscan conocer y se dejan apantallar por lo que sus ojos quieran ver, no parece suficiente.

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¿Qué ha pasado con nosotros mismo?

Cruzar por la calle para poder tener una mejor vista, o mantenerse atónito por su forma y emblemática templanza, no deberían ser cuestiones que tomen más de 10 minutos o tenga que ser por un fin más importante que querer conocer que ha pasado ahí. Hace unos días en el momento en que conocí el Cine Opera, llegó a mi mente la posibilidad de no pasar por alto este tipo de regalos, que al parecer se convierten peligrosos o para algunos sólo molestos, pues se trata de una construcción en ruinas, donde se puede percibir el deterioro y su obstinado deseo por no perecer.

Se ha perdido la intención, se ha convertido en ideas que más allá de sentir que solo funcionan en un mundo evolucionado, el Cine Opera ( o lo que queda de el) ha sido un llamado para obtener lo mejor de lo olvidado, lo mejor de lo que mucho significó pero poco importa en este momento,, a pesar de lo real o lo imprevisto tiene mucho que ver con valorizar lo que nos rodea.

Una pieza de tanto trabajo, de historias que serían de literatura pura, historias de amor y de vida, no se queden en el olvido, a pesar de ser una estructura deteriorada, no pierde su belleza, cabe resaltar que mucho de lo que pude percibir al encontrarme cerca de este lugar, fue sentir más de lo que había sentido en mucho tiempo, la ilusión de una época, inmersa en todos nosotros que poco a poco se acomoda por si sola en una mente que no descansa; el Cine Opera es y será un patrimonio de todos que a pocos pasos puede ser un refrescante recordatorio de que no todo está en ruinas, basta con asomarse un poco entre sus rejas para creer de nuevo en lo que hemos dejado pero está en todos nosotros nunca olvidar.

Rio de Janeiro

Cerca de insurgentes, se encuentra un pequeño parque, que podría ser solo el aprovechamiento de un sitio vació, pero que también nos incluye, el parque Río de Janeiro en la colonia Roma al centro de la ciudad de México, data de una construcción de 112 años los mismos que tiene el nombramiento de la colonia; es un parque con una perspicaz diferencia la cual se denota por la experiencia de poder recorrerlo y esa ha sido una de mis más recurrentes creencias de esta ciudad, la cual al parecer pierde el brillo que sobresale del cielo todos los días, por la persistencia del gris o la gente que viene y va pero nunca se queda. Este parque creó algo diferente en mi cuando lo conocí, dio un significado diferente a un paseo en domingo y su simbiosis con lo que sucede alrededor dan la pauta para entenderlo. Había mucha gente con sus perros, hijos, amigos o familia, quienes sin importar su rango o su rol son únicos en cada momento en su núcleo familiar, una metáfora para entender como la sociedad nos dispersa pero al mismo tiempo nos hace necesarios los unos con los otros.

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A pesar de su ubicación alrededor de edificios y haciendo un cuadrado casi perfecto en la visibilidad encontré un punto y un toque en el cual se someten entre sí, el cielo con su afanado gris, el sol con sus obstinados colores y la naturaleza de todo lo que rodea la fuente principal, dieron en mi la perfecta toma para encontrar el punto en donde todo tiene sentido.

De eso se trata vivir en una ciudad que lo tiene todo y para todos, esperando encontrar cual es la clave que dará sentido a una pieza de arte, una pieza arquitectónica o el simple hecho de darle sentido a un día cualquiera, sin importar las ocupaciones o la intolerancia de uno mismo, imprescindible poder vivir sin sentir lo que nos rodea, lo que permea en nuestras pupilas y se vuelve real, el arte es efímero cuando se intenta encapsular, creamos nuestro propio arte en el momento de entendernos a nosotros mismos y desentendernos, es ahí donde el recuerdo se cumple como un presente, dando a conocer la cercanía que se tiene todos los días a momentos reflexivos.

Muchas personas defienden con su vida la importancia del arte, su relatividad en una sociedad que se resiste, pero no todo está perdido y mucho más que eso, se convierte en una posibilidad para volver nuevo algo que se creía viejo, la globalización como tal luce como un enemigo en ojos que no pueden ver mucho más, pero en la supervivencia se encuentra la clave para poder retomar lugares, sitios y emociones que se programaron para no crecer.

Hoy entiendo la importancia de mirar, escuchar y sentir que hay más allá de un sitio desolado, de una intención de convivencia que no funciona, todo nos enseña y más allá de absorber lo que nos rodea significa comprender que la intención está de más, cuando de sentir se habla.

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