Free songs

Reflexiones sobre el Arte Latinoamericano en la escena internacional

Abr 27 • PLEXUS • 390 Views • No hay comentarios en Reflexiones sobre el Arte Latinoamericano en la escena internacional

“El arte, igual que Dios es más fácil de describir por lo que no es”

Luis Camnitzer

En las últimas tres décadas se ha notado una mayor atención por parte de coleccionistas, curadores, museos y ferias de arte internacional hacia la producción de artistas latinoamericanos. Países como Estados Unidos, Inglaterra, España y Francia cuentan con instituciones creadas con la intención de fomentar el interés global en el arte contemporáneo de esta región. Pero, como Gerardo Mosquera dice, ¿qué tanto este concepto es metacultura occidental hegemónica e internacionalización y que tanto es personalidad del contexto propio, tradiciones locales y modernidades irregulares?

Así como el término <<América Latina>> −según John Phelan− es un producto expansionista mercantil francés, la categoría Arte Latinoamericano es una clasificación que surge de modelos, igualmente, mercantiles de finales del siglo XX. El mismo surgió con la finalidad de insertar al mercado material proveniente de esta zona geográfica al sistema económico internacional del arte. Según investigaciones de la socióloga francesa Raymonde Moulin, fue a finales de la década de los setenta que las grandes casas de subastas internacionales tuvieron un rol preponderante en su identificación y valoración económica así como simbólica. El único criterio de selección para la denominación Arte Latinoamericano es que deben ser obras de artistas nacidos en esta área, desde México hasta la Patagonia. Dejando de lado la época, imagen o lugar de actuación de dichos artistas.

A partir de ese momento hasta la actualidad, esta categoría artística opera en el mundo del arte. Sin embargo el término se empieza a problematizar cuando para los propios artistas latinoamericanos éste carece de sentido. Debido a que ellos no lo conciben como uno, sino todo lo contrario, como muchos y diversos entre ellos. Y es que si nos remontamos a la historia de los países que componen esta zona, a pesar de compartir cierta geografía y orografía entre ellos, así como similitud histórica en eventos como la conquista, es a partir de los movimientos de independencia y su consumación que la región latinoamericana comienza a fraccionarse en territorios heterogéneos. Mostrando cada uno su carácter pluricultural. Más tarde durante la etapa de modernización en el siglo XX la configuración de rasgos distintivos de los países latinoamericanos se dio a partir de factores políticos e ideológicos particulares. Cada uno desarrolló su propio sistema de valores, tradiciones y creencias. Por eso cuando se habla sobre Arte Latinoamericano como una totalidad, sin hacer distinciones entre él, resulta demasiado arriesgado e ignorante.

Sí, es cierto que existen ciertas preocupaciones y sensibilidades reconocibles que comparten las propuestas artísticas de los artistas latinoamericanos, pero eso no significa que Latinoamérica sea una misma y que se deba concebir como unidad. Puesto que el sueño de José Martí nunca se realizó. Y es que la cuestión no radica en el aspecto geopolítico sino en el modo particular de acontecer, en distintos aspectos, que cada país ha tenido. Definiendo así su propia identidad cultural, ideológica y artística.

El término es difuso porque nosotros como latinoamericanos reconocemos que existen aspectos que nos diferencian entre sí, pero esos mismos paradójicamente son los que a ojos de otras zonas geográficas del mundo nos singularizan. Precisamente ahí es donde el error del término radica. Cuando se opta por adoptar la visión extranjera y aceptar una homogeneidad e identidad en el Arte Latinoamericano que no existe. Ya sea pensada en términos de estilo o de contenido. Pero, ¿cómo no concebirlo de este modo, si los países no latinoamericanos son los que en un principio han monopolizado y legitimando esta categoría del arte?, ya sea como objeto de estudio, de exhibición o de mercado. Gerardo Mosquera tiene la tesis que “el Arte Latinoamericano desde hace tiempo ha dejado de serlo, y ha devenido más bien arte desde América Latina.” El paradigma del autor es el <<antropofagismo[2]>>, surgido en Brasil en 1928. El cual pretendía apropiarse de culturas europeas dominantes por decisión propia para legitimar su apropiación crítica, selectiva y metabolizante de tendencias artísticas. Un tipo de “transculturación”[3], que hace posible el diálogo y la unificación social, económica y filosófica[4] entre países. La noción del antropofagismo es uno de los eslabones de la dinámica cultural del subcontinente con otras naciones. Esta postura moderna ha tenido consecuencias que permean actualmente la noción del arte de esta región. Si bien, éste comenzó en Brasil, distintos países latinoamericanos, conscientes o no, siguieron esta ideología con la intención de figurar en la esfera internacional, resignificando la noción de Latinoamérica. Paralelamente, existe otro problema, pero que no se desarrollará en el presente texto, es asumir que el Arte Latinoamericano incluye productores de todas las regiones que componen Latinoamérica cuando en realidad los países que figuran mayormente en esta categoría son artistas brasileños, argentinos, peruanos, mexicanos, chilenos, uruguayos y cubanos. Dejando de lado aquellos nacidos en la zona del caribe y centro.

Actualmente, el arte Latinoamericano está tomando otra dirección y sentido en la esfera internacional. Debido a la creciente integración de investigadores y teóricos latinoamericanos en países que legitiman los sistemas del mundo del arte. Por ejemplo Estados Unidos. Hoy en día él es el país líder, no latinoamericano, en promocionar el Arte Latinoamericano.

Desde la segunda mitad del siglo XX Museos como el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), Musseo de Arte Latinoamericano (MOLAA), Museo de Arte del Condado de los Ángeles (LACMA) y El Museo del Barrio entre otros, han realizado propuestas de exhibición en torno a esta categoría. Como parte de su programa, han creado en ellos departamentos de Arte Latinoamericano. Posibilitando que latinoamericanos formen parte de estas instituciones. Por otro lado varios estados norteamericanos como Texas, California, Nueva York, Arizona, Florida y Nuevo México cuentan con instituciones educativas que imparten carreras a fin, con la intensión de continuar el desarrollo de esta industria.

Por otra parte, a partir del 2007, en Nueva York, se lleva a cabo una de las ferias de arte contemporáneo latinoamericano más importantes: Pinta. La cual también expone y promociona arte contemporáneo español y portugués. Debido a que a estos países se les considera de alguna manera influencia en la formación de la identidad latinoamericana. De la misma forma la feria se realiza también en Londres, y es la única en Europa dedicada al arte moderno y contemporáneo de Latinoamérica. Pinta es un proyecto fundado por promotores culturales argentinos Diego Costa Peuser, Alejandro Zaia y Mauro Herlitka. Desde hace tiempo la labor del primero, en el mundo del arte, ha sido promover y apoyar el trabajo de artistas latinoamericanos emergentes a nivel internacional. Peuser, años antes junto con su padre fundó la revista Arte al Día (1980). Publicación que en un principio sólo se distribuía en Argentina y posteriormente, debido a su gran éxito, internacionalmente. Por otra parte Meuro Herlitka es presidente de la Fundación Espigas, vicepresidente del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), integrante del Fondo de adquisiciones de la Tate Modern y del Consejo internacional del MoMA y creador del Fondo de Adquisiciones de Arte de América Latina y el Caribe. Por otro lado entre los principales interesados en comprar Arte Latinoamericano de países que no pertenecen a esta región, se encuentran instituciones reconocidas como MoMA, Tate Modern Gallery, el Centro Pompidou, el Centro de Arte Reina Sofía, La Colección Essex de Arte Latinoamericano y el Museo de Arte de Middlesborough.

Lo interesante de este proyecto es el diálogo entre la investigación y producción latinoamericana con esferas internacionales. Pinta cada año integra curadores y especialistas latinoamericanos en cada una de sus ediciones y en ambas sedes, por resultado estos actores obtienen mayor reconocimiento a nivel mundial. Algunos de ellos son: José Roca, Cecilia Fajardo, Pablo León de la Barra, Carlos Navarrete entre otros. Otro punto a favor de la feria es que no solamente promueve al Arte Latinoamericano mediante su equipo o la venta y compra de obra artística, si no también a través de la teoría. Es decir, desde la última edición en Nueva York, Pinta incluyó una nueva sección dedicada a libros de arte y estudio latinoamericano. De esta manera se ofrece a interesados e investigadores de distintas regiones del mundo, la oportunidad de adquirir material que no se distribuye habitualmente en las librerías de su país. Asimismo esta sección es una excelente estrategia educativa debido a que logra introducir el conocimiento y desarrollo teórico latinoamericano a distintos niveles internacionales.

Para concluir, es cierto que alrededor de la década de los ochenta, a partir de exposiciones y ventas internacionales, comenzó un notorio interés y una mayor atención en el extranjero hacia el Arte Latinoamericano. Pero esta categoría se ha definido de acuerdo a parámetros erróneos, debido a haber sido abordada desde una perspectiva exterior. Sin embargo en el contexto actual, el hecho de que varias instituciones internacionales abran sus puertas y decidan albergar producciones y aceptar trabajar con investigadores latinoamericanos permite delimitar nuevamente el término desde una posición intrínseca. Puesto que las implicaciones de seguir pensándose como los demás países la han definido devienen en tensiones dentro y fuera del marco de los países que pertenecen a este subcontinente. Estas tensiones por consecuencia afectan la producción y el reconocimiento del trabajo de artistas. Impidiendo que muchos de ellos crezcan y se incorporaren a los distintos circuitos del arte. Tanto a escala global como local.

Lo que se pretende proponer es un replanteamiento del término Arte Latinoamericano con la finalidad de concebirlo de otra forma que integre la diversidad de sus manifestaciones. Aprovechar la diversidad de temas que los artistas abordan a través de sus obras y la interconexión entre sí. Eliminar creencias, como el exotismo u otredad con fines estéticos, que se originó del dominio y marco ideológico Euro-norteamericano. Revisar viejos paradigmas erróneos que siguen prevaleciendo en la actualidad para readaptarlos o desecharlos e introducir nuevos puntos de vista. Cuestionar el discurso de quienes nos miran y reflexionar sobre nosotros mismos paralelamente. Es decir, reconfigurar su definición y no asumirse como los demás nos ven, sino como nosotros nos entendemos. No resumir su concepto a un solo significado. Incluir en él el interés de los artistas por la integración del arte a lo real y el modo particular en el que cada uno de ellos reacciona de acuerdo a su propio contexto. Y es que el Arte Latinoamericano debe pensarse, proponerse, exhibirse, reflexionarse y teorizarse desde su propio contexto y no desde el exterior. Podría decirse que La globalización y los sistemas culturales y económicos actuales donde el mercado del arte opera, ha provocado un nuevo modo de entender el antropofagismo. Es decir, el canibalismo aún se sigue practicando por latinoamericanos pero desde países no latinoamericanos. La proliferación de proyectos en regiones externas a la región latinoamericana representa un tipo de participación “desde aquí” en las dinámicas de un código artístico internacional. (Mosquera, 1996) Asimismo, al ser Latinoamérica parte de una economía y sociedad global, el crecimiento y expansión del arte implica para los latinos múltiples posibilidades de participación en escalas nacionales e internacionales. Por otra parte el trabajo de promotores y difusores como Costa Peuser, son factores que perpetúan la expansión del trabajo y Arte Latinoamericano en otros mercados y territorios en el futuro.

[1] Luis Camnitzer (1937 – ) Artista, crítico, docente y teórico uruguayo.

[2] Capacidad de los brasileños de transformar y digerir todo aquello considerado como un modelo copiado de Europa, para así obtener la creación y el resultado de un modelo único y autónomo en el arte.

[3] Término acuñado por Fernando Ortiz en 1948 para destacar el intercambio bilateral implícito en toda “aculturación”. Fernando Ortiz, Contrapunteo Cubano del Tabaco y el Azúcar, La Habana, 1940.

[4] Oswald de Andrade, “Manifiesto Antropófago”, en Revista de Antropofagia, Sao Paulo, año 1, Nro. 1, mayo de 1928

Related Posts

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

« »