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REVIVIR ESPACIOS

Feb 22 • PLEXUS • 520 Views • No hay comentarios en REVIVIR ESPACIOS

“La cámara ya no era un instrumento para registrar presencias, era una forma de hacer desaparecer el mundo, una técnica para encontrar lo invisible.” -Paul Auster

Un espacio, y en particular, un espacio creado por el hombre, adquiere razón de ser mientras es habitado. La vida como una luz que lo separa del olvido, es lo que le da un sentido; y acaso no es esto lo que los seres humanos solemos hacer, dar sentido a las cosas, generar un por qué y un para qué de lo que nos rodea. Sin estar muy de acuerdo con este último habito de nuestra especie he vivido mis últimos años, rasgados por el tiempo y su transcurso impecable. Mi deterioro es inevitable, así como cualquier objeto o construcción, sin embargo el olvido es una característica más frecuente en objetos inanimados. El movimiento y a mi parecer constante que define la vida, es incompatible con la construcción despojada de una rutina.

La noche cae sobre el día con una insoportable puntualidad. Una pared queda deshecha si los meses pasan y no es atendida, y así hasta llegar al olvido. Una vecindad que en algún momento albergo vida y color, al ser contrapuesta al paso de los años adquiere una frialdad y un desgaste que la convierten en escombros.

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¿Qué son estos escombros? Sí me encuentro frente a ellos no veo más que ruinas, pero ¿qué hay detrás de esas ruinas? La historia de algo que fue, la posibilidad de una vida olvidad, la luz de una evidente obscuridad y el movimiento de algo que ahora es inerte. Esta vida podría quedar en cada piedra que ya hace en el piso, pero por ella misma no dice nada. Una historia es producto de la mano del hombre, con ella, esta piedra podría tener un sentido y ser la referencia de un instante. Desgraciadamente sin el toque humano carece de sentido.

Este es el momento en que podría llamarse la muerte de un lugar, es cuando encuentra el olvido, cuando deja de ser útil y la mirada humana es puesta en otro sitio. La tempestad natural recae libremente sobre el espacio, las puertas se astillan, las chapas y tuberías se oxidan, los techos caen y los vidrios se despedazan. Con el tiempo, las personas que tenían historias del lugar igual desaparecen y si la demolición no es suerte de las paredes el lugar se vuelve el cementerio más profundo de lo que fue y posiblemente jamás volverá a ser.

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La luz atravesará cada mañana las rotas ventanas y la naturaleza encontrará su sitio, pero los restos seguirán y darán muestra del abandono. El abandono es la perdida de sentido, es el divorcio entre lo humano y la realidad del lugar. Aquí no hay más expectativas y no hay razón para tomarle importancia, sin un para qué, sin razón de ser, ese lugar deja de existir, se pierde para la perspectiva humana.

Aquí es donde mi ojo se muestra curioso, esta perdida de sentido es la muerte y esa muerte es la única manera que encuentro de darle vida al espacio. La persistencia de lo físico se contrapone con el tiempo y el resultado de esta lucha adquiere una descripción esencial, la perdida de lo humano le da un carácter propio, lo hace ser en si mismo y le da una representación incomprensible para la razón humana. Ahora no es utilizable, pero aún esta. Su presencia plena lo purifica y lo convierte en un lienzo sin categoría.

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La noche, protege las paredes olvidadas y así es como la obscuridad se convierte en la metáfora perfecta para albergar cada sitio olvidado. La luz que solo puede verse en la obscuridad es la tinta de este trabajo. Mi apropiación personal es el aniquilamiento de el lugar por el lugar, es el regreso a lo humano, pero ahora desde lo sensorial más que lo razonable. Cada intervención es mi experiencia de cada conjunto destruido, es mi interacción personal con el medio y gracias a la fotografía puedo plasmarla en un soporte reproducible. Cada estructura de luz es movimiento constante, es un transcurrir que no encuentra formas hasta que la fotografía es revelada.

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Estas formas de luz coexisten con el espacio y generan un resultado propio, se dan vida mutuamente. La luz pretende dar vida al espacio. Es un suspiro momentáneo que se hace perecedero gracias a la imagen creada. La cámara fotográfica funciona como un espectador que recolecta lo que sucede, la prolongada entrada de luz permite trazar figuras inexistentes en la realidad y es así como se forma una composición final. La atemporalidad del suceso queda plasmada en el aparato y convierte minutos de movimiento en un instante que puede ser contemplado.

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Aquí el movimiento, antes llamado vida, se convierte en un instante capturado, que salta de la realidad aparente pero que existe en el registro.  Cada imagen depende del espacio, la luz es dibujada a razón de las formas que cada lugar comparte para crear una imagen nueva. Es aquí done el espacio deja de estar abandonado por un instante, sin embargo su nueva vida esta hecha del olvido anterior y no cuenta con un futuro prologado ya que la imagen final no es ni el lugar, ni el movimiento empleado para crearla. Es un ente nuevo, es la combinación de lo anterior, sin ser la suma de los elementos. Es un registro nuevo y palpable de algo que existe pero muere al momento de darle nombre, es un ente que logra existir a base de sus elementos sin ser la suma de ellos.

 

 

Articulo por el fotógrafo: Manuel Enriquez

 

 

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