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Sobre la pertinencia de la crítica en el mercado de arte

Mar 21 • Artistas, Crítica • 496 Views • No hay comentarios en Sobre la pertinencia de la crítica en el mercado de arte

Quisiera inscribir en el espacio que se me concede, la pregunta siguiente: ¿Cuál es la relación de la crítica con el mercado de arte? Y, sobre todo, ¿cuál es su pertinencia actual en el mismo? Este cuestionamiento resulta pertinente ahora que la crítica se ha movido de territorio y se vela a través de la curaduría. Antes de desarrollar ambos cuestionamientos, quisiera explicar brevemente lo que es el mercado de arte e introducir a sus actores. 

El mercado de arte es una industria, que tal como, el artista, teórico y críutico, Luis Camnitzer señala, representa a un conjunto selecto de miembros y de grupos “culturales hegemónicos autodesignados”. Ésta tiene la función y finalidad de distribuir obras artísticas mediante la comercialización de las mismas.

Se divide en dos tipos: primario y secundario.

          El primario apoya y difunde artistas nuevos que están empezando su carrera artística, dándole salida a sus trabajos recién producidos. Básicamente este tipo de producciones artísticas se distribuyen a través de galerías, ferias de arte o en algunos casos mediante marchantes independientes.

          En cambio el mercado del arte secundario, a diferencia del primario que se interesa por representar artistas vivos en vías de consagración, se encarga exclusivamente de vender o comprar obras de arte llamadas “de segunda mano”, ya sea de artistas muertos o consagrados. En dicha división se encuentran las casas de subastas, galerías y corredores de arte.

En esta red participan sujetos denominados actores que, según el sociólogo contemporáneo Howard Becker, se encargan de ejecutar actividades específicas de acuerdo a sus intereses; al mismo tiempo que observan y prestan atención a actividades que otros realizan. Estos son: los artistas, marchantes, galeristas, coleccionistas, curadores, empresarios, asesores de arte y profesionales de museos. Asimismo, entre ellos se encuentran los críticos de arte.

Ahora bien, quizás ya hemos olvidado que la crítica juega un rol esencial en el reconocimiento y en la construcción de valor de los bienes artísticos: el simbólico.

El cual puede ser artístico, cuando se identifica y cataloga a los objetos de acuerdo al estilo, escuela, corriente o periodo del creador. Estético, cuando el objeto se aborda desde un enfoque filosófico. Histórico según su origen o relación a un hecho del pasado, de conservación, aquellos objetos que perduran posteriormente a una guerra; o decorativo, que normalmente se le atañe a las antigüedades.

Actualmente, como ya mencioné son los curadores en algunos casos quienes ejercen mayormente la crítica de arte a través de distintas plataformas y espacios expositivos. Por medio de exhibiciones, obras de arte, textos curatoriales, catálogos, participaciones en conferencias, portafolios de artistas, blogs, revistas especializadas y digitales los creadores y/o críticos problematizan y desdoblan acontecimientos e ideas referentes al presente. ¿Pero qué tanto impacto tienen estas acciones en el mercado?

El mercado de arte no implica únicamente el aspecto económico, se funda principalmente en las convenciones sociales. Esto es que el mercado mantiene cierta interdependencia con el valor simbólico de las obras. En cierta medida la labor de los críticos influye en el proceso de comercialización para la determinación de los precios de las obras.

Mientras que en el mercado, se realizan las transacciones y se elaboran los precios, tal como afirma la socióloga de arte Raymonde Moulin, en su libro “El mercado del arte: mundialización y nuevas tecnologías”. En el campo de la crítica se argumenta con evaluaciones (artísticas y estéticas) a favor o en contra de los creadores y su trabajo. Y cuando es a favor se suele considerar como parte de las estrategias de mercado para la legitimización de ciertos artistas. Causando un efecto positivo en los distribuidores y el público.

Por otra parte, habrá que recordar que tradicionalmente los críticos de arte escribían ya sea para celebrar la entrada de nuevos artistas a la escena del arte o para informar al público sobre eventos y exposiciones. Sin embargo durante la década de los setenta y ochenta el papel del crítico en relación al mercado se transformó de tal manera que dicha práctica ahora tiene la finalidad de contribuir a la promoción de artistas con fines publicitarios y mercantiles.

Por ejemplo, en eso años en París y posteriormente en Estados Unidos, cuando según la teoría de Serge Guilbaut, “Nueva York le robó la idea de arte moderno a París”, los jóvenes críticos eran cazadores de nuevos talentos y eran quienes se encargaban de presentar a los artistas con las galerías y las demás instituciones artísticas, para impulsar la carrera artística de los creadores mediante la venta y compra de su trabajo. Es entonces que la crítica se convierte en estrategia de marketing diseñada para la cultura de masas.

Esta postura del crítico como herramienta del marketing, es aún vigente. Sobretodo porque la crítica se sigue inscribiendo en la transformación de los mercados de arte y en la mundialización de los circuitos de intercambio cultural.

En este caso coincido con lo que el artista plástico puertorriqueño Elizam Escobar dice respecto al arte cuando se le mira como mercancía: “el arte significa dinero, y dinero significa más dinero”. Por lo que me atrevo a decir que la crítica sí tiene un interés económico ligado al legitimador, con la finalidad de incrementar el precio del trabajo de artistas y movimientos particulares. Pero tampoco se debe de satanizar y rechazar por ello. De hecho de todos lo actores que intervienen en el mercado de arte los que menos son remunerados económicamente son los críticos.

Para concluir, sobre la pertinencia de la crítica actual en el mercado, considero que debe ser la reflexión de la obra de arte en relación al momento en que se le introduce a la industria artística.

La crítica debe plantearse y actuar en las temporalidades que le ocupan. Porque aunque aparece y mantiene una relación esencial con el presente, debe yacer en el futuro al legitimar el trabajo de artistas.

Esto mismo sucede en el mercado de arte bajo el concepto de rentabilidad. Es decir que cuando se adquiere una obra artística, el comprador espera obtener un beneficio extra de tal transacción: dinero, reconocimiento, respeto, poder sobre otros y demás intereses, no solamente económicos, que influyen en las acciones de coleccionistas y empresarios, que no abordaré por ahora.

Finalmente, debe de haber un cambio de actitud respecto a los tabúes de idea que al introducirse una obra al mercado, el valor económico de ésta desplaza al valor simbólico. Este movimiento oscilatorio, entre ambos territorios, donde cada uno de ellos tiene su propio estructura de valores, permite que las obras artísticas adquieran mayor prestigio y notoriedad dentro de los sistemas del arte. La convergencia de los dos valores se refuerzan mutuamente y hacen que una obra se mantenga vigente.

Asimismo la crítica tiene que ser una herramienta para incluir al sistema aquellos talentos que suelen quedarse ocultos. Debe apostar por las nuevas propuestas y desplegar de ellas los aportes artísticos mediante la reflexión e investigación, además de documentar a profundidad el arte actual.

Por otro lado, ya sea a través de la curaduría, de textos o del medio que se prefiera, la crítica, debe enfocarse en integrar a artistas y actores en la economía de su sociedad. Es decir debe servir de puente para facilitar el acercamiento de los anteriores con el público apropiado que pagará lo suficiente para puedan obtener ganancias y seguir perteneciendo a los sistemas del Mundo del Arte.

Laura H. Bazán

Historiadora de Arte de la UCSJ, se ha desempeñado como asistente en producción de artistas y  curadores; con experiencia laboral en galerías. Actualmente colabora con la revista Tierra Adentro de CONACULTA y es consultora de arte de UNO61 CASA DE ARTE, con estudios en valuación de obras de arte, impartidos por el Instituto Mexicano de Valuaciones Artísticas e Históricas.

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